Miércoles de Ceniza: Una oportunidad para reconocer que ‘soy un pecador’ y pedir la sanación de Dios
POR EL P. RAY CLARK, ESPECIAL PARA EL CATÓLICO DE KENTUCKY OCCIDENTAL
Este Miércoles de Ceniza, a causa de la pandemia, el ministro dejará caer las cenizas sobre nuestras cabezas. Aunque esto nos resulte extraño, en realidad es la práctica en gran parte de la Iglesia.
Para el Gran Jubileo de 2000, varios miembros de la Parroquia San José en Mayfield, donde yo servía en ese tiempo, se unieron a miembros de la Parroquia Sagrado Corazón en Waverly en peregrinaje a Roma. Estuvimos allí para el Miércoles de Ceniza. La Misa de la mañana, que presidió el Papa Juan Pablo II, tuvo lugar en la Plaza de San Pedro con la asistencia de más de 100,000 personas.
Esa tarde, algunos de nosotros de San José caminábamos cuando el papamóvil pasó a nuestro lado, subiendo una colina hacia una iglesia. Era la Iglesia de Santa Sabina, donde el Papa tradicionalmente celebra la Misa vespertina del Miércoles de Ceniza. Seguimos la procesión y asistimos a la Misa en la iglesia. Juan Pablo esparció cenizas sobre mi cabeza.
La gente suele acudir en multitudes para el Miércoles de Ceniza. A menudo pensamos que es porque obtenemos algo, incluso si son solo las cenizas. Pero quizás haya algo más. Quizás al recibir las cenizas, en algún nivel reconozco: “Soy un pecador”. De eso se trata la Cuaresma: arrepentirme de mis pecados para que Dios pueda quitarlos de mi vida.
Originalmente publicado en la edición de febrero de 2021 del Católico de Kentucky Occidental.

